La historia de las cesáreas

La historia de las cesáreas

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La cesárea es uno de esos temas que hace que las personas se vayan a los extremos, desde la ira extrema, a la decepción, pasando por el alivio. O, a veces, una combinación de todo lo anterior, que termina en un conflicto, tanto personal y como social. En un país, como México, donde casi la mitad de los nacimientos son por cesárea, es un tema que está en boca de todos.

Sin embargo, en esta ocasión me gustaría platicar más sobre la historia de las cesáreas, y descubrir algunos datos que nos han llevado a tener las cifras actuales de este procedimiento quirúrgico. Las cesáreas se han practicado desde la antigüedad, aunque en ese entonces solamente se realizaban cuando la madre estaba muerta o moribunda, y se buscaba salvar al bebé. Era una medida de último recurso, y la operación no estaba diseñada para preservar la vida de la madre.

La cirugía como tal empezó a realizarse a principios del siglo 17, con la invención de los fórceps Chamberlen, que permitieron que los doctores y las parteras, retiraran de forma segura al bebé del útero. Pero en esa época la cesárea era considerada un procedimiento bastante riesgoso, ya que las condiciones higiénicas en las que se realizaba no eran las adecuadas. Muchas personas opinan que con la invención de estos fórceps, se estableció un control médico sobre el parto, arrebatando poco a poco el poder de las parteras.

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Con los avances médicos, especialmente de anestesia e higiene, en el siglo 19 las cesáreas empezaron su apogeo. También influyeron cambios en la sociedad y cambios demográficos, así como la religión. Por ejemplo, a principios y mediados del siglo 19 en Francia, la religión católica promovía la cesárea en casos críticos con la finalidad de que el bebé pudiera ser bautizado antes de morir. En la misma época, en la Inglaterra protestante, se evitaba la cesárea ya que los médicos estaban más inclinados a considerar la salud de la madre.

En 1908, el médico Franklin Newell de Harvard, publicó un artículo llamado "The Effect of Overcivilization on Maternity" (El efecto de la sobrecivilización sobre la maternidad), donde explicaba que las mujeres ricas y educadas deberían de tener hijos por cesárea porque eran demasiado débiles y civilizadas para soportar un parto vaginal. En cambio las mujeres de la clase obrera, siendo robustas, resistentes y trabajadoras, sí eran capaces de dar a luz con facilidad. Desde este momento empezamos a notar la brecha económica entre los dos tipos de nacimientos. Hoy en día, en los hospitales privados se practican un mayor número de cesáreas, comparados con los hospitales públicos.

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Los avances clínicos, especialmente el ultrasonido, permitieron observar el desarrollo del feto. Este tipo de visualización les da a los médicos información muy importante, pero también ha influido en la forma en la que vemos al feto; con estos avances el feto se convirtió en un paciente. Y esto ha cambiado las actitudes emocionales y financieras de los médicos y de los futuros padres.

A principios de los años 70’s, se volvió una práctica común el monitoreo fetal, lo que aumentó el número de cesáreas para evitar posibles problemas al detectar una frecuencia cardíaca fetal fuera de los parámetros normales. Ahora muchos médicos y organizaciones trabajan para reducir la dependencia en estos equipos de alta tecnológica, y altos costos, en los partos.

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Esto nos lleva al presente, donde muchas mujeres no quieren tener a su bebé por cesárea pero al final tienen este tipo de cirugía. La pregunta que muchos se hacen es si realmente existe una complicación médica, o es por presión del médico. En la revista de Harvard, encontramos un artículo que dice que los médicos actuales perciben a las cesáreas como un procedimiento más seguro para ellos, no para el bebé o para la madre. El clima legal refuerza esta dinámica. Un dicho famoso entre los ginecólogos de Estados Unidos es "Nadie es demandado para hacer una cesárea".

Todo este clima es reforzado por historias de partos con un mal resultado, que aunque son casos raros, son fáciles de recordar. Las pacientes se ven influencias por este tipo de historias que les cuentan sus amigos, por lo que ven en la televisión y leen en internet. Tendemos a recordar los casos raros, y olvidar la gran mayoría de partos en los que todo va bien. Además existe muy poca información para saber si el médico recomienda una cesárea para su bien, o para el bien de la paciente y de su bebé.

Imágenes | Kelly Sue DeConnick | Matthew Gosselin | Department of Foreign Affairs and Trade | Trocaire |

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